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Actualmente acompaño a pacientes que sufren de vértigos y mareos, dolores musculares severos, colon irritable, alergia crónica e insomnio, entre otras patologías. Tras pruebas médicas y pasar por distintos tratamientos, su doctor/a finalmente dice aquello de “es estrés”. ¿Quieres conocer los efectos del estrés y la salud? ¡Acompáñanos!

Cuando llegan a consulta son habituales frases como:

“no siento que tenga tanto estrés”

“sí, tengo estrés, pero como todo el mundo

“mi vida es estresante pero es que no puedo cambiarla”

¿Sabías que la OMS (Organización Mundial de la Salud) ha catalogado el estrés como la enfermedad del Siglo XXI?

Su generalización nos ha llevado a la normalización del estrés hasta aprender a convivir con él. Y sí, el estrés es “normal”, entendiendo como normal un proceso innato en las personas. ¡Pero ojo, no todo el estrés es igual!

¿Sabías que el estrés tiene una función de supervivencia para nosotros? ¿Y sabías que existen dos tipos de estrés?

Hoy hablaremos de cómo reconocer el estrés en uno mismo; cómo tomar el control sobre él proponiéndote un ejercicio práctico; sobre el impacto real que tiene en nuestra salud física y la importancia que tiene el estrés positivo en la evolución de las personas.

¿Te interesa? ¡Vamos a ello!

¿Qué es el estrés?

Podemos definir el estrés, como:

Un proceso que se produce en cuerpo y mente cuando una persona percibe una situación o acontecimiento como amenazante, o bien porque considera que los recursos de los que dispone no son suficientes para gestionarla, o bien produciendo una sensación de desbordamiento y sobrecarga.

Tenemos que tener claro, que:

El nivel de estrés depende de cómo uno mismo interpreta la realidad presente.

Interpretación de la realidad presente

En una primera fase la persona evalúa cognitivamente el estímulo externo como una amenaza y, en segunda fase, la capacidad que tiene para responder a dicho estímulo.

La gravedad con la que se interpreta un hecho estresor se valora subjetivamente en función de cómo afecta a nuestros propios intereses y bienestar y, a su vez, los recursos de afrontamiento también son juzgados por el propio sesgo de valoración: recursos materiales, salud física y mental, rasgos de personalidad, etc.

Este proceso de evaluación primaria y secundaria determina la intensidad de la reacción emotiva en relación con la situación o estímulo estresor. La subjetividad con la que se valoran ambas variables generalmente varía dependiendo de la personalidad y la auto-eficacia percibida.  

Figura 1: Evaluación de la intensidad del estrés

El estrés puede producirse y entenderse como estímulo, es decir, como situaciones que generan en la persona emociones y sentimientos poco adaptativos para hacerle frente, por ejemplo: divorcio o separación, pérdida de un ser querido, problemas económicos y de salud, nacimiento de un hijo, alteraciones en el estilo de vida (mudanza, trabajo, etc.).

Por otro lado, también puede ser entendido como respuesta, puesto que su presencia produce cambios biológicos distribuidos en 3 fases:

  • Activación: el cuerpo se prepara para responder
  • Mantenimiento: el cuerpo mantiene una alta activación fisiológica para poder hacerle frente a las demandas de la situación
  • Agotamiento: el cuerpo no es capaz de mantener la activación en sus funciones básicas y la sobre activación mantenida en el tiempo cae bruscamente

¿Estrés positivo? ¡Existe!

La popularidad del estrés y su exceso de patologización nos ha llevado a creer que siempre tiene consecuencias negativas, pero, en ocasiones, su presencia representa una oportunidad para poner en marcha nuevas vía de resolución, descubriendo y potenciando los recursos personales. Por este motivo, se diferencia el estrés positivo (Eustrés) del negativo (Distrés). 

¿Siempre hay relación entre estrés y salud?

Eustrés

El eustrés es el estrés primario, es decir, el motivo real por el cual el ser humano necesita sentir estrés para activar toda una serie de funciones internas que tienen como principal objetivo la supervivencia.

El eustrés nos permite activar la precisa energía para sentirnos con ganas de llevar las cosas hacia adelante y afrontarlas, de emprender cosas nuevas y de canalizar la tensión para transformarla en creatividad y fuerza.

Nos permite también mantenernos alerta para responder de forma rápida y eficaz a las situaciones, poniendo el foco en la solución y en la búsqueda de nuevas respuestas, manteniendo una actitud positiva y un mayor control de las emociones.

Imagina por un momento que llevas días caminando por la Sabana Africana, agotado/a, hambriento y sediento y, de repente, aparece un león a unos metros de ti.

¡Tu cuerpo y tus sentidos al momento se activan para salir corriendo y protegerte!

¿Y qué pasa con el hambre, el agotamiento y la sed?

Al entrar en un estado de estrés el cuerpo inhibe todas las señales que no van a favorecer a tu supervivencia y tensa toda la musculatura para preparar el cuerpo de posibles golpes externos. Y cuando el peligro ha pasado volvemos al estado natural. 

Distrés

El distrés provoca una sobre activación mantenida de forma constante en el tiempo, produciendo desequilibrio fisiológico y psicológico. A diferencia del eustrés, la energía que produce nuestro cuerpo no se focaliza en la solución, sino que es una activación tan generalizada y desmedida que conlleva el efecto contrario: la paralización y/o el bloqueo.

Cuando padecemos de forma continua de distrés, el cuerpo nos envía señales para avisarnos de que algo no va bien, estas señales se representan en 4 grandes grupos de síntomas:

  • Cognitivos: pérdida de memoria, problemas de concentración, preocupación constante, foco en lo negativo…
  • Emocionales: cambios de humor, irritabilidad, agitación, percepción de soledad…
  • Conductuales: cambios de hábitos (alimentación, sueño, etc.), alteración en el consumo de café, tabaco, entre otras. Conductas de aislamiento o necesidad de estar siempre acompañado/a…
  • Físicos: tensión muscular, dolor de cabeza, mareos y náuseas, dolor y presión del pecho, problemas respiratorios, alteración del apetito sexual, aumento de tasa cardíaca, problemas estomacales, úlceras…

Ahora imagina que ya has huido del león y estás a salvo, pero tu cuerpo continúa en estado de estrés, inhibiendo las señales de hambre, sed, cansancio, dolor… Y como no eres consciente de ello, sigues y sigues caminando, ¿qué crees que te pasará finalmente?

En estados de estrés “ni sientes ni padeces”, pero que no sintamos las señales porque están inhibidas no quiere decir que no existan.

Distrés: el creador invisible de patologías y enfermedades

En muchas ocasiones hemos oído hablar de la somatización; ¿pensáis que puede tener incidencia sobre el estrés y la salud?

¿Pero qué es exactamente?

Los trastornos de somatización son:

Manifestaciones físicas del dolor mental y que no pueden ser explicados adecuadamente por causas orgánicas.

¿Sabías que la somatización ya se estudiaba a finales de 1800?

Los síndromes -conjunto de síntomas- han sido estudiados desde hace más de un siglo y medio por los psiquiatras Paul Briquet y Sigmund Freud, quienes llamaron a estos síndromes histeria y neurastenia, y se planteó la hipótesis psicosomática de acuerdo con la cual los síntomas corporales pueden tener como causa un bloqueo de la expresión emocional.

Desde el inicio de esta hipótesis, han sido muchos los estudios posteriores que han tenido como objetivo encontrar la causa-consecuencia.

Algunas de las enfermedades psicosomáticas provienen de una activación del sistema nervioso autónomo (SNA) o bien de una supresión en el sistema inmune.

Relacionándolo con los síntomas del estrés, la activación del SNA ocurre cuando un hecho estresor es percibido y los órganos del cuerpo que son estimulados por tejidos nerviosos reciben un exceso de hormonas de estrés (adrenalina y cortisol).

Estas hormonas incrementan la tasa metabólica provocando la imposibilidad de relajación del órgano y, de forma directa, iniciando disfunciones en éste.

Figura 2: Efectos del estrés en el Sistema Inmune

Nuestra forma de pensar, las creencias, emociones y sentimientos son resultados de la actividad bioquímica producida en las células nerviosas de nuestro cerebro, esta actividad tiene relación directa en el funcionamiento del sistema endocrino e inmune.

Por este motivo, nuestro cerebro es el guerrero de primera línea de batalla contra las enfermedades y el envejecimiento.

La mente representa el funcionamiento del cerebro, si cuidamos nuestra salud mental estamos cuidando también nuestro cuerpo.

Ejercicio: Obsérvate y toma el control del Estrés

Tomar consciencia de tu entorno, tu cuerpo, tus emociones y tus pensamientos te permitirá realizar cambios en los patrones de conducta que tu cerebro tiene asociados a los episodios y etapas de estrés.

Te invitamos a una breve práctica, ¿te animas?

Puedes utilizar para identificar los factores de estrés que aparecen en tu vida y la forma en que interaccionas con ellos, únicamente cuando somos conscientes del qué podemos cambiar el cómo.

Aduéñate de una libreta, y una vez por semana dedica tiempo para observar cómo te sientes y cómo está tu entorno. Recopila la siguiente información:

  1. Situación/fuente de estrés: describe brevemente lo sucedido
  2. Sentimientos: ¿qué emociones y sentimientos sentí? ¿con qué intensidad?
  3. Pensamientos: ¿qué pensé? ¿cuáles fueron mis reflexiones? ¿qué intensidad tuvieron mis pensamientos?
  4. Cuerpo: ¿qué sensaciones corporales se activaron? ¿cómo era mi respiración?
  5. Conducta: ¿cuál fue mi primera reacción? ¿y después, cómo actué? ¿cómo hablé y como me hablé a mí mismo/a?
  6. Resultados obtenidos: resolución, evasión, huida, complicación… ¿Qué resultados tuvo mi conducta en mi entorno o en las otras personas y cómo actuaron?
  7. Cambio: ¿qué podría haber hecho para mejorar el episodio? ¿qué puedo hacer ahora?

Conclusiones

Observa, es posible que tengas patrones de comportamiento más o menos similares de las situaciones, pensamientos, emociones y conductas que intervienen en los episodios de estrés y salud.

¡Es momento de tomar el control sobre esos hábitos y modificarlos!

SI tienes cualquier duda, pregunta, etc. No dudes en dejar tus comentarios en este post o bien ponte en contacto con nosotros en: info@salutalquadrat.com o directamente en: https://www.salutalquadrat.com/contacto/


M. T. González Ramírez y R. Landero Hernández (2006). Síntomas psicosomáticos y teoría transaccional del estrés. Ansiedad y Estrés 12(1), 45-61.

M. S. Moscoso (dic 2009). De la mente a la célula: impacto del estrés en psiconeuroinmunoendocrinologia. University of South Florida/Health 15(2).

http://www.ucm.es/info/seas/
SEAS: Sociedad Española para el estudio de la Ansiedad y el estrés

Cognitivamente: Es la facultad de un ser vivo para procesar información a partir de la percepción, el conocimiento adquirido (experiencia) y características subjetivas que permiten valorar la información externa.

Autor

Ana Sierra
Licenciada en Psicología Col. 26562
Especializada en Terapia Emocional y Máster en Coaching – PNL